Catalunya Plural, 3/2/26
La IR no aspira a eliminar la complejidad, sino a familiarizarse con ella. A aprender a habitar esa inquietante extrañeza que, en ocasiones, nos paraliza o nos empuja a expulsar lo diferente y a atribuir al otro todos los males. La IA propone reducirnos a una combinación de datos, a un sujeto calculable estadísticamente. Se olvida de algo muy importante: tenemos un cuerpo (ella no) con el que gozamos y sufrimos, cometemos lapsus y olvidos, tropezamos más de dos veces en la misma piedra. Y en ese laberinto del deseo, a veces conectamos con nuestra singularidad, eso más íntimo y desconocido.
