Con él hemos charlado de este trabajo, pero también de otras cuestiones de interés relacionadas con el bullying o acoso escolar. ¡No te lo pierdas!
¿Qué aporta esta lectura a un tema de actualidad como es el bullying?
‘Bullying. Una falsa salida para los adolescentes’, una obra de José Ramón UbietoOfrece
una mirada distinta tomando la perspectiva de la significación
psicológica del acoso para todos los participantes (victima, victimario,
testigos y adultos) y poniendo énfasis, en el caso de los adolescentes, del momento vital que atraviesan;
especialmente en el tratamiento que tienen que hacer de su cuerpo -que
se les presenta como algo nuevo y extraño- y que, en cierto modo, los
acosa con sus nuevas sensaciones de carácter sexual. También toma en
cuenta los cambios sociales en lo que afecta a las figuras de autoridad y
al papel creciente de la mirada y la imagen como elementos
omnipresentes, a través de la realidad digital, en las infancias y
adolescencias del siglo XXI.
¿Qué análisis se realiza en el libro del acoso escolar y desde qué perspectiva?
El análisis es interdisciplinar y fruto de una investigación realizada durante un año.
Las hipótesis de trabajo se orientan a la experiencia educativa, social
y clínica de los autores y, en especial, a las aportaciones del
psicoanálisis. La idea es que el acoso es una escena con cuatro
elementos: victima, victimario, testigos y adultos. Cuando los
adolescentes se sienten “acosados” por la pubertad y sus
transformaciones en el cuerpo y en la imagen tienen la tentación de
elegir un chivo expiatorio para que pague por todos.
Manipulando, ninguneando y golpeando el cuerpo del otro creen,
ilusoriamente, que su cuerpo queda a resguardo del acoso. En el caso de
las chicas la forma principal es la marginación, el ninguneo y en los
chicos aparece más el acoso físico.
El acoso es una escena con cuatro elementos: victima, victimario, testigos y adultos
¿Cuál es el perfil del estudiante que adquiere el rol de ‘acosador’? ¿Qué le lleva a desarrollar este comportamiento?
No hay un perfil claro como tampoco de las víctimas. Cualquiera puede ocupar alguno de los lugares que implica la escena del bullying.
De hecho, observamos como a veces –no necesariamente siempre- los
agresores han sido antes víctimas de otras situaciones de abuso
(maltratos, abusos sexuales) e incluso de bullying. Pueden presentar
conductas desafiantes frentes a los padres y los profesores (y adultos
en general); actitudes de desprecio y abuso hacia otros compañeros; bajo
rendimiento académico; no suelen tener mucho buena opinión del ambiente
de la escuela; y, aunque a veces lo escondan, tampoco tienen muy buena
percepción de sí mismos. En el fondo se sienten unos frikis y/o ‘pringaos’ pero hacen un esfuerzo para imputar esta situación a las víctimas. Cuando no son los líderes del acoso, son chicos fácilmente influenciables por otros.
En el caso del estudiante que lo sufre, ¿se puede hablar de una personalidad o forma de ser concreta?
Tampoco. Pareciera
que tener un rasgo de debilidad o de diferencia los hace más
vulnerables y si bien eso es cierto en muchos casos, no siempre funciona
así. Hay niños ‘débiles’ que, por eso mismo, son protegidos
por el grupo sin sufrir acoso e igualmente los hay con diferencias
marcadas que, en lugar de hacerlos vulnerables, los hace dignos de ser
admirados. Su ‘frikismo’ puede ser tomado como algo a imitar. Lo que sí
encontramos como rasgo característico de la víctima es que es alguien
que ante una intimidación no puede responder y queda callado frente al
acoso. Ese no poder responder es lo que los acosadores captan enseguida y
los convierte en víctimas. Las razones de esa inhibición son diversas y
tienen que ver con la historia personal de cada uno y cada una.
¿Están los centros escolares y los docentes preparados para afrontar el acoso escolar? ¿Qué recomendaciones les daría?
Ese no poder responder es lo que los acosadores captan enseguida y los convierte en víctimas
Es
difícil generalizar porque las situaciones son muy diversas. Hay
centros con planes de convivencia y con docentes sensibilizados y
formados, y otros donde se trata de negar la existencia de cualquier
conflicto pensando, vanamente, que así el problema se esfuma. Creo que todos los centros deberían ser conscientes que este problema existe.
La primera recomendación es que se sensibilicen y piensen en el
significado y en el impacto del problema. Una vez hecho esto, hay que
pensar cómo intervenir en términos globales (convivencia), más que de
una manera reactiva, cuando pasa algo. Deben anticiparse a las
dificultades. Y eso requiere también plantearse la participación y la
corresponsabilidad de todos los agentes (alumnos, padres y docentes) ya
que esto no es un asunto de dos (víctima y agresor) sino de toda la
comunidad educativa.
¿Qué herramientas y recursos considera adecuados para poner fin a esta práctica?
Con estos supuestos asegurados no es complicado encontrar mecanismos concretos para definir ese plan de convivencia. Hace
falta sistemas de detección que combinen las tutorías y los espacios
abiertos de conversación con los alumnos, junto a algunos recursos más
anónimos de denuncia: existen buzones, correos electrónicos y apps que permiten esto. Pero lo primero es crear un clima de confianza que permita hablar del tema abiertamente.
También las fórmulas de tutoría entre iguales se han revelado útiles.
Cuando nada de esto funciona queda, lógicamente, el recurso judicial
(denuncia).
¿Hay temor al hablar de bullying?
Sí, hay temor y existe esa falsa idea de que callar sobre un conflicto lo anula.
Temor porque el acoso es una violencia y sobre todo es una crueldad, un
sadismo que nos angustia ya que conecta con lo más íntimo de cada uno
de nosotros. No son conductas psicopáticas propias de personajes
‘monstruosos’ psíquicamente. Cualquiera puede pasar al acto si se dan
las condiciones. Es esa disposición tan general lo que nos produce
temor. Por otra parte, algunos centros temen que hablar de conflictos
ahuyente a las familias de potenciales alumnos y prefieren ocultar los
hechos dejando solos a aquellos más vulnerables.
Por último, un pequeño test. ¿Qué le sugieren las siguientes palabras?
– Adolescencia: Encontrar la salida del túnel que nos lleva de lo infantil a lo adulto superando la extrañeza de un cuerpo nuevo y exigente.
– Violencia: Cuando la palabra no logra traducir las sensaciones y el sujeto se siente desbordado y fracasado.
– Sensibilidad: Saber escucharse a sí mismo y conectar con los deseos, pero también con las dificultades.
– Escuela: La oportunidad de aprender, de jugar, de investigar y de estar con otros con la finalidad última de hacerse mayor.
– Miedo:
Algo que nos alerta de un peligro pero también algo que nos puede
paralizar si no somos capaces de ‘decir’ esa angustia en nuestra lengua,
dándole así una forma aceptable.
La Vanguardia, Parece que a la oreja porque, según informaba The Guardian, un 25% de los adolescentes dueños
de smartphone nunca han realizado una sola llamada. Nada
extraordinario, más bien confirma el modo de “conversación” que tiene
hoy un modelo en expansión: las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp, ThisCrush) que facilitan un tipo de conversación con algunos rasgos básicos. El principal es que el cuerpo se escabulle produciendo una
pseudointimidad (se puede decir cualquier cosa sin hacerse responsable
de aquello que se dice) y ahorrándose así el compromiso.
El teléfono clásico aún incluía la voz, que es ya un índice
presencial que nos implica y compromete mucho más que el anonimato de un
texto o una imagen sin réplica inmediata, de “viva voz” o “cara a
cara”.Es por eso que esta conversación en línea está llena de.......
¿Quién
no se ha quejado del estrés y la ansiedad que le produce vivir en la ciudad? ¿De la
hiperactividad, que parece ser consustancial a la vida urbana y que se presenta
como la forma actual del malestar del sujeto contemporáneo? La mayoría de las
veces esa queja oculta un afecto clásico y atemporal como es la angustia del
ser humano. Angustia que toma formas diferentes según las épocas y los
discursos que en cada momento definen esos lazos sociales, propios del mundo
urbano.
Los
grandes éxodos de fin de semana, en busca de la paz y de la calma del campo,
dicen mucho de ese malestar, ligado al estrés. Pero no siempre fue así, ya que la
prisa es un fenómeno relativamente reciente, vinculado al nacimiento de las
grandes urbes. En el mundo rural antiguo la prisa no existía, porque la
cadencia del tiempo y la rutina de los hábitos y costumbres la volvían
inexistente. La sorpresa estaba limitada y el marco espaciotemporal fijado de
antemano.
Fue la emigración a la ciudad la que estableció una
novedad importante: las distancias entre los espacios urbanos (trabajo, casa,
ocio) implicaban otro cálculo del tiempo porque desbordaban....LEER TEXTO COMPLETO
“Ser un TDAH” admite hoy muchas lecturas. Para algunos
sustituye el viejo calificativo de “movido o inquieto”. Para otros es la
evidencia misma de una enfermedad, de un trastorno del neurodesarrollo que, si
bien es indemostrable por la ausencia de marcadores claros –lo que no ha
impedido la proliferación de estudios falseados-, su causa última no admite
dudas. Para otros es un significante amo a partir del cual declinar, en su
lengua, un nombre sintomático.
Inicialmente nombraba algo del real que agitaba esos
cuerpos hiperactivos e impulsivos, y se acompañaba de la prescripción de
psicoestimulantes que, curiosamente, se focalizaban sobre todo en las
dificultades de atención.
La denuncia continuada, por parte de profesionales y opinadores,
de la hipermedicación y el sobrediagnóstico, forzaron un cambio de paradigma en
la presentación del trastorno[i].
La identidad TDAH aparecía cada vez más con una connotación negativa, un
estigma que, sin embargo, conservaba algo de la subjetividad en juego
(hiperactivos, impulsivos, despistados).
"Bullying, una falsa salida para los
adolescentes" gana el III Premio Ángel Garma al mejor trabajo de
psicoanálisis
Barcelona,
diciembre de 2017
El psicoanalista y psicólogo clínico José Ramón Ubieto recibió el III Premio
Ángel Garma al mejor trabajo de psicoanálisis por la edición del libro "Bullying,
Una falsa salida para los adolescentes" (Ned Ediciones/2016) convocado
por la Asociación Española de Neuropsiquiatría.
Este libro
trata un tema que sigue cada vez – y por desgracia - más presente en los medios
de comunicación. José Ramón Ubieto y el resto de autores (Lourdes Aramburu,
Ramón Almirall, Lidia Ramírez, Enric Roldán y Francesc Vilà) que escriben
"Bullying, Una falsa salida para los adolescentes"destacan que la
tentación del bullying aparece como una falsa salida en la que manipular el
cuerpo del otro bajo formas diversas (ninguneo, agresión, exclusión, injuria)
les permite poner a resguardo el suyo. Para eso hay que designar un chivo
expiatorio, golpear y destruir esa diferencia que se le imputa a la víctima.
Abordar el acoso implica acompañar a esos jóvenes en su delicado tránsito por
el nuevo mundo que sucede en la adolescencia.
La asociación
Española de Neuropsiquiatría convoca el premio Ángel Garma (que homenajea al
psicoanalista bilbaíno) y pretende ser un
Hace unos días, el
político del PP Xavier Garcia-Albiol proponía “cerrar TV3 y abrir la televisión
con gente normal”, frase que provocó no pocos comentarios y algún que otro
interrogante. ¿Quién es la gente normal, cómo se puede medir esa normalidad y, sobre
todo, existen?
Dejando de lado las
cuestiones políticas más directamente partidistas, de las que otros ya se
ocupan, vale la pena reflexionar sobre ese sintagma, “gente normal”, porque tiene toda su importancia y actualidad.
La “gente normal”
es otra forma de aludir al “hombre de la calle” o al “ciudadano medio”,
recursos retóricos muy usados, por unos y otros, que parecen conferir una
legitimidad y un soporte incontestable al que los usa.¿Quién estaría en contra de la gente normal, gente
de la calle y de matices moderados, el justo medio aristotélico?
Su fuerza está en su aparente “naturalidad”, parece
tan obvio a qué alude que no hace falta justificar su significado. El
psicoanalista Jacques Lacan dudaba de su existencia y,....
Ruptura,
alejamiento, factura, tensión, inquietud, fractura, angustia… son
algunas de las palabras que cada uno y cada una elige para tratar de
bordear el abismo al que parece ⎯cada día más evidente⎯ que nos vemos
abocados. Si nos guiamos por la ética de las consecuencias, más que por
la de las buenas intenciones, debemos exigir responsabilidades. Que
aquellos que gobiernan respondan de las consecuencias de sus actos es un
imperativo democrático.
La responsabilidad aquí es amplia y diversa si bien no es simétrica ni
equivalente. Lo propositivo de unos, más o menos razonable, y el rechazo
puro de los otros no tiene el mismo estatuto. Además, los que más poder
y fuerza tienen deben explicar por qué no usaron el primero y sí en
cambio abusaron de la segunda. Por qué su sordera y su inmovilismo
durante mucho tiempo, nada inocente, ha terminado por desvelar su lado
más feroz y autoritario, recuerdo de épocas oscuras de nuestra historia.
¿Era esto lo que ocultaba su silencio y su “no hacer”, la voluntad
firme de aplastar y callar al otro?
El pretexto de la ley, una ley válida pero insuficiente y que en ningún
caso puede sacralizarse en una sociedad laica y en un Estado de derecho,
no es aceptable. Todos los que vivimos la transición sabemos que esa
Constitución fue una formación de compromiso (definición freudiana del
síntoma) entre los restos, muy vivos, del franquismo y los anhelos de
aquellos ⎯jóvenes y mayores⎯ que aspirábamos a otra sociedad y a otra
convivencia. Como síntoma, un día u otro lo reprimido de ese acuerdo
retornaría para recordárnoslo y obligarnos a revisarlo.
El 15-M, que obligó al anterior rey (símbolo mayor de ese proceso de
transición) a abdicar, fue la fecha clave de ese retorno. Emergente
rechazado por la derecha y, hay que recordarlo porque la amnesia
funciona, sin distinción de colores y banderas, tanto en España como en
Catalunya. ¿Por qué no se escuchó en ese momento lo que clamaba en la
indignación expresada, y se leyó sólo como un efecto de la crisis
económica? ¿Por qué el éxito de movimientos como la PAH (1) no se quiso
interpretar como un signo del desalojo de los sujetos, no sólo de su
casa hipotecada, sino de una sociedad cada vez más desigual y
excluyente?
En su lugar, lo que era un verdadero síntoma ⎯también en Catalunya⎯ se
leyó, por parte de muchos (no de todos, claro) como un simple trastorno
del sistema financiero o, en algunos casos, muestra de su catadura
moral, como un trastorno de la ambición de los que querían tener una
mejor vida (una buena parte inmigrantes). En psicoanálisis sabemos que
los trastornos se eliminan ⎯porque no se les supone sujeto alguno⎯
mientras que el síntoma llama siempre a su interpretación.
Parte del crecimiento del independentismo en Catalunya, sobre todo entre
las generaciones jóvenes, tiene que ver con ese retorno, que ha tomado
la forma del “síntoma Catalunya” y la bandera del movimiento
independentista. El “síntoma Catalunya” no es un asunto interno, una
deria (manía) de los catalanes, es algo que nos concierne a todos los
que, como españoles, acordamos unas reglas de convivencia hace cuarenta
años que ya no sirven para preservarla.
Por eso, creo, que la responsabilidad de los gobernantes catalanes es no
haber querido entender este marco de discusión y creer que solos podían
desembarazarse del síntoma. Si unos dilataron el tiempo mostrando así,
al modo obsesivo, su rechazo al deseo (de cambio) del otro, otros lo
forzaron para precipitar una salida, ignorando una parte importante del
todo al que debían representar. Tomando una parte por el todo forzaron
también las voluntades.
El pueblo catalán tiene muchas voces y hasta la fecha ninguna mayoría
clara para apoyar una decisión unilateral. Tampoco la comunidad
internacional dio nunca signos claros de apoyo. Sumarse a la denuncia de
los abusos policiales o la vulneración de libertades básicas, es una
obligación de todos los que defendemos un verdadero Estado de derecho
pero en ningún caso avala una opción de ruptura unilateral. Las
declaraciones recurrentes de la líder de los comunes, Ada Colau, o del
líder nacional de Podemos, Pablo Iglesias, han dejado muy claro esa
diferencia. Instrumentalizar ese apoyo es una responsabilidad de los que
lo hacen, contribuyendo así a una falsa salida.
¿No sería mejor apelar al consenso mayoritario sobre aquello que todos,
los que apostamos por una convivencia y respeto de la diversidad,
anhelamos? ¿No supone eso ceder en proyectos, inviables en este momento,
y tejer redes para defender lo más básico, que es vivir juntos y en
paz? Darse un tiempo para comprender el alcance y posibilidades de
nuestros deseos no siempre es un ejercicio de procastinación, a veces es
signo de aceptar los límites y el tiempo que necesitamos para concluir
juntos.
Un acto ayuda a precipitar la salida y
sacarnos de los impasses de nuestra inhibición o rumiación eterna y
estéril, pero cuando toma la forma de un pasaje al acto, un salto al
vacío (2), puede conducir a lo peor.
Notas
1: La Plataforma de Afectados por la Hipoteca o PAH es una asociación y
movimiento social por el derecho a la vivienda digna surgido en febrero
de 2009 en Barcelona y presente en toda la geografía española. La
Plataforma surge en el marco de la crisis inmobiliaria española
2008-2013, que fue desencadenada por la burbuja inmobiliaria, y de las
posteriores protestas en España de 2011-2012. Su líder más popular fue
la actual alcadesa de Barcelona, Ada Colau.
2: La CUP (Candidatura de Unidad Popular) difundió un vídeo promocional
protagonizado por diputados y exdiputados donde todos ellos empujaban
una camioneta, símbolo del proceso independentista que se despeña por un
barranco. El contratiempo no desanima a los integrantes de la formación
de izquierda independentista y sirve de acicate para ponerse a bailar
un mambo ante la celebración del referéndum del 1 de octubre